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"ATILA, EL PERRO"

La historia que cuenta ahora, me ocurrió en febrero pasado, cuando salí al medio día del trabajo a comer, me llegué hasta la Plaza de Coronel Díaz, (donde era la cárcel), y me comí un sándwich y de paso tomar sol, y de paso ver todos esos pendejos divinos que toman sol, y algunos toman simplemente con boxers (calzoncillos de tela con piernas), y por entre la tela y los muslos se asoman las glandes o una que otra bola peluda. Todo esto me calienta y me pone a mil. En eso que estaba tomando sol, y con los ojos, entrecerrados por la resolana aparece un paseador de perros al cual veía los contornos, por tenerlo contra el sol, alto 1,85 mts., no muy corpulento, pero con unos brazos, como de mono, creo que le llegaban hasta casi las rodillas. En eso se acerca y puedo ver claramente su rostro, tez, blanca, pelo negro, nariz, recta que hacía juego con su tamaño, pestañas tupidísimas, y ojos azules agua, que me miraban en forma penetrante, bajé la mirada de pudor y vergüenza, el continuó paseando con sus perros. Acto seguido, me paro y me acerco al mismo, e iniciamos un breve dialogo, el clásico como te llamas, sos de por acá, esas cosas. 

Por supuesto, como tenía que irme a trabajar nuevamente, le pedí su teléfono. Luego de esto paso unos días que me puse en contacto con Juan, nos pusimos de acuerdo en encontrarnos en un Shoping, cerca de la plaza del encuentro. Ahí nos encontramos y nos hicimos amigos, ya que teníamos muchas cosas en común, le gustaban los animales, y de estos el perro era el que más le atraía, al decir esto, noté un cierto dejo lesivo en su comentario, estuvimos tomando primero un café y luego unos Whiskys, luego me invitó a su casa, donde por supuesto, hicimos el amor hasta el amanecer entre sexo y charlas. Estos encuentros se repitieron hasta que me preguntó si me cabía la zoofilia, le dije que nunca me había plantado tal cosa, pero que estaba siempre abierto a nuevas experiencias.

El próximo fin de semana me invitó a ir al Tigre, donde viven su padre, por lo que hacia allí fuimos. Una vez allí, era un lugar paradisíaco, una isla pequeña, verde hasta bajo de las piedras, una casita chica pero muy acogedora, estilo Victoriano, el padre un hombre como de unos ochenta largos, pero agredidos por el sol, el trabajo y seguro que algunas privaciones, pero muy agradable, comimos éste se fue a acostar, y con Juan nos fuimos al tomar aire fresco del río, cuando estabamos allí apareció un burro atigrado, o mejor dicho un Gran Danés atigrado, que comenzó a lamerle toda la cara a Juan. Este me lo presenta: "Atila, este el Diego, Diego este es Atila, mi mascota, mi amigo, y mi amante"

Yo no salía de mi asombro, si bien estaba abierto a nuevas experiencias, no me imaginaba nada con ese burro, Juan sentado comenzó a tocarle los testículos y a correrle el prepucio del pito del perro, que comenzaba a sumar colorado y brillante. Se paró, y me hizo señas para que los siguiera, entramos en una casilla de lata tipo taller y depósito bastante amplia, una vez allí, se agacho y comenzó a pasarle la lengua por la boca de Atila, sin dejar de pajear al éste, Atila, me imagino que ya esta a mil y yo completamente al palo, por ver la pija de ese perro enorme que parecía una vela de esas que vienen en paquete de cuatro de tamaño grande, para cuando se apaga la luz. Juan se puso en bolas con esa exquisita pija de 18 cm.muerta y , me preguntó, "te animas a ser penetrado por Atila?", la sola idea me excitó aún más. Ante mi respuesta afirmativa, le colocó un bozal al perro, y me alcanzó unos jean´s suyos, indicando que me los pusiera sin calzoncillos, pero con la particularidad, que la faltaba toda la parte del trasero.

Puestos estos, me dijo que me recostara sobre un caballete con las piernas en el suelo. Juan se paró del otro lado, poniendo su deliciosa verga al alcance de mi boca, acto seguido me agacho recostándome sobre el caballete, y con el culo apuntando hacia Atila, hecho esto, al instante siento que el can, comenzó a olerme y a resoplar, cosa que me asustó, pero Juan me tranquilizó, diciéndome te está reconociendo con mi ropa, mientras introducía su ya erecto miembro, Atila se paró en dos patas y se abalanzó hacia mí, cayendo con todo su cuerpo sobre mis espaldas, pesaba por lo menos 60 kg. y comenzó a taladrarme con su pija, cerca del agujero del ano, esto me excitó mucho y cuando Juan se disponía a dirigir el ariete de Atila hacia mi ano, le dije que no, que no lo hiciera, que él solo lo haría, que esto me ponía más caliente, dicho esto, Atila, como si hubiese entendido lo que decíamos, me mandó toda su verga dentro, juro que el dolor fuer tremendo, ya que si bien el perro estaba bien lubricado, su pija era de considerable grosor y de una longitud acorde a su tamaño, y la sentí muy pero my adentro, pero como comenzó a cogerme con su fuerza animal, creía que me moría de dolor y de placer, luego, de taladrarme un buen rato, sentí como la pija del perro se hinchaba dentro de mi culo agrandándomelo para que esta hinchazón cupiese dentro del mismo, parecía como si hubiese metido las bolas dentro, yo no podía creer, (ahora entiendo porque los perros se queden abotonados!) 

Esto era el paraíso: por un lado una hermosa pija dentro de mi boca, haciendo las delicias de un buen polvo oral y por el otro, algo muy bizarro, un perro cogiéndome el culo, con una fuerza animal, destrozándome el culo, y llenándome de placer, y para aumentar el mismo, comencé a masturbarme, Atila comenzó a moverse con mayor fuerza como avisando que se venía, yo empecé a gritar de placer, cosa que calentaba más a Juan y me metía cada vez, más profundo su verga, hasta atorarme. De repente EL CLIMAX, EL PARAISO: Atila, comenzó a eyacular de tal modo que sentía que me inundaba el ano, Juan entre convulsiones, me sujetaba la cabeza pegada a su ingle llenándome la garganta de su esperma delicioso y yo me fui de tal manera que acabados mis dos amantes, yo continuaba corriéndome Juan se agachó y comenzó tragar mis últimas eyaculadas. Atila continuaba embistiéndome cosa que hacía que yo me desagotara, Juan comenzó a calmar al perro hasta que éste sacó su pija dentro mí, al verla, no podía creer que todo ese cantidad de pija, hubiese estado dentro de mi culo. Esta experiencia la repetimos en otras oportunidades, hasta que a nuestro amante canino, le atropelló y camión, y nos dejó un vacío, difícil de llenar. Juan ahora se encuentra en la misión de entrenar otro perro, que supla lo que nos dejó el pobre Atila. 

Si te gustó mi historia y quieres que te cuente en forma personal, tengo otras de igual grado de calentura mi dirección es juadieg71@hotmail.com.ar
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