"EL
CAPUCCINO MAS RICO DEL MUNDO"
Un
capuccino doppio por favor, fueron las primeras palabras
que escuché de ese cliente más en aquel cafecito italiano
de la calle Vallarta.
Era
un jóven de unos 25 años de edad, como 1.90 mts de altura,
vestía sweater de cuello tortuga negro y pantalón chino,
era por demás bien parecido, rubio, ojos verdes y una
increíble sonrisa que jamás podré olvidar. El cafecito
estaba lleno en su totalidad y yo me encontraba en una
mesa de dos sillas y obvio era que una estaba vacía. Con
seguridad, se acercó a mi mesa y pregunto:
-
Puedo sentarme aquí?. Yo no supe qué hacer, para mí era
de lo más raro que otro hombre solo, quisiera sentarse
conmigo, siempre fui un poco antisocial y pues aunque
sabía que era gay aun no quería aceptarlo.
-
Como quieras, contesté en tono seco y de pocos amigos.
-
Un éxito el lugar, verdad?, queriendo hacer conversación
me preguntaba aquél cliente.
-
Sí algo. le dije mientras continuaba leyendo una revista
de arte.
-
Fernan, extendió su mano y se presentó.
-
Mucho gusto, Vicente, contesté en un tono un poco más
amable.
Después
de un silencio de capilla él prosiguió la conversación.
-
Te gusta el arte?
-
Sí, estudio un master en maestros modernos
-
Qué casualidad, yo trabajo en el Prado, en la misma área
de la cual te estas especializando.
Después
de saber que él trabajaba en el Prado, se me hizo una
persona interesante con la cual pudiera encontrar algunos
intereses comunes.
Después
de dos horas de plática continua y varios capuccinos mas,
me invitó a cenar a un bistro cercano a la cafetería.
Yo acepté sin saber que esa noche sería una de las más
estupendas de mi vida. Él ordenó las especialidades del
lugar y un excelente vino de mesa, la conversación
cada vez fue tornándose más cálida, hasta que de pronto
llegó el tema del erotismo en el arte. Aquella cálida
voz poco a poco me fue dominando hasta que se convirtió
en un monólogo de lo más interesante. Ese joven sabía
de arte lo que pocos, y realmente estaba disfrutando
la velada.
Terminó
la cena y con ella, aquella agradable compañía. Me traté
de despedir de la manera más amable y le di mi tarjeta
personal a lo que él me contestó en un movimiento raro,
tomándome el antebrazo izquierdo con ambas manos y dijo:
-
La noche es joven, y tu plática y compañía me son de lo
más agradable, mi piso esta muy cerca, tengo una selección
de quesos estupenda y la podemos acompañar con un cognac
o lo que tu desees.
-
Claro, por qué no, contesté.
Era
martes y pues la estaba pasando bien y la verdad no pude
negarme.
Aquel
piso era un museo pequeño, contaba con excelso buen gusto
y pinturas de grandes, no pude resistir mi pregunta:
-
Quién eres? Por qué tienes esta maravillosa colección
de arte y de antigüedades?
-
Soy hijo de un aristócrata, pero todas esas cosas de la
nobleza me aburren y pues es parte de mi herencia, el
piso que fuera de mi abuela junto con la colección de
grabados de Goya, esos que están encima del chifonier.
-
Pero este es un Greco!, no pude resistir mi comentario.
-
En efecto, y acá esta un pequeño Miró y un Picasso, regalo
de mi madre.
La
verdad estaba maravillado en aquel lugar, era una extensión
de cualquier museo. Una criada de ésas que ya no hay,
se acercó con la charola de los quesos y dos copas de
cognac. Mientras Fernan en cuclillas, tomaba de una cómoda
antigua la botella de cognac, no sé por que pero cuando
estaba en cuclillas no pude evitar ver sus glúteos firmes
y redondos.
Sentados
enfrente de esa chimenea continuamos la conversación de
todas sus piezas de arte y la historia de cómo habían
ingresado en su familia. Sin saberlo, él imitaba mis movimientos
hasta que después de un rato y viendo que era demasiado
obvio puse mi mano cerca de mis genitales para corroborar
que me estaba imitando y él hizo lo mismo, pero abriendo
su bragueta suavemente, estirando sus pies sobre un pequeño
taburete y metiendo su mano mientras jugaba con su miembro.
Yo estaba muy nervioso, y no me atrevía a mirarlo a los
ojos, hasta que el poco a poco se acercó y me pregunto:
-
Eres gay?
Después
de un silencio de mi parte conteste:
-
He pensado que lo soy pero nunca lo he puesto en practica.
-
Quieres intentarlo conmigo?
Continuó
el silencio entre los dos y sentía que quería pero siempre
he sido realista y no me quería ver apantallado por quien
era, por lo que tenia.
-
Estás muy callado? comento, mientras se acercaba y acariciaba
mi cabello revolviéndolo y despeinándome dijo:
-
Así, esta mejor.
Continuaba
callado a lo que él dijo:
-
El que calla otorga.
Se
acercó más aun, se sentó enfrente de mí, sobre mis genitales
y me dio un beso muy tierno y suave, al cual no le di
respuesta, otro más y ya no pude resistir y lo besé con
mucha pasión tornando y terminando acostados en aquel
sofá de piel negra, él aun sobre de mi, se quito el sweater
en un movimiento rápido y quedó en camisa, yo desabotoné
botón por botón y besé su vientre aun no sé por qué. Él
gimió y quité el cinturón mientras él hacia lo mismo conmigo.
Entre besos y caricias quedamos completamente desnudos.
Nos acariciábamos cuando abruptamente él se puso de pie
con su miembro un poco erecto:
-
Voy por protección y lubricante, dijo, y de una cajita
saco un par de condones y un gel mientras preguntó:
-
Estas limpio?
-
Por supuesto, esta es mi primera vez con un hombre.
-
Qué afortunado! No te vas a arrepentir.
Se
acercó y comenzó a desenrollar aquel condón en su verga,
se acercó y dijo;
-
Termina de hacerlo mientras te pongo tu condón.
Con
su boca y con una agilidad insospechada me puso el condón
y comenzó a besar mi pene y a frotarlo mientras yo lo
masturbaba. Tomó mi mano y me dijo:
-
Espera, te voy a enseñar algo mejor.
Se
volteó y me enseñó su ano diciéndome:
-
Cógeme como nunca has cogido
Metí
mi pene en su ano y empecé a hacer movimientos suaves,
él apretaba el perineo y era una sensación muy agradable,
nos acostamos con mi pene en su ano de tal manera que
nos podíamos besar y acariciar. El calor subía en esa
habitación y el fuego de la chimenea chispeaba como lo
hacia mi interior. Le dije después de un rato de cogerlo:
-- Ya me vengo.
-
No, espera.
Y
apartando mi pene de su ano me hizo voltear, me puso lubricante
y empezó a ingresar su miembro suavemente dentro de mí,
era un dolor de lo más delicioso, estaba perdiendo la
razón.
-
Aprieta tu ano y aflójalo rítmicamente me dijo.
Un
cosquilleo como de un hormiguero me recorría todo el cuerpo
era la sensación más agradable que había sentido, dolor
y placer al unísono. Tomó mi pene con sus manos y empezó
a masturbarme.
-
Ya nos vamos, me dijo, y sintiendo contracciones en mi
ano exploté en placer y explotó él con un gemido de lo
más cachondo.
Terminamos
abrazados y besándonos.
Desde
aquel día tenemos el hábito de ir a tomar un capuccino
todos los martes, de ir al bistro y de terminar haciendo
el amor, no el sexo, por que es amor lo que sentimos uno
por el otro en seis meses de relación.
Con
todo mi ser ,
Te
amo, Fernan.
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