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"EL CUBANO"

Fue durante este verano, me fuí a Miami. Aunque no tenía intención de hacer sexo, pues estaba olvidando una relación fuerte, conocí a un hombre cubano, nada extraño en un sitio donde abundan.
Fue en una tienda por departamentos. Entré al baño. Todo muy limpio y sin otras personas más que él. Estaba haciendo lo suyo y me situe cerca dejando un urinario por medio. ¡Qué pija tan enorme y bella! El se dio cuenta de que yo le miraba. Se ruborizó, pero le siguió creciendo la pija. No pude contenerme y me le acerqué. El me indicó que se la tocara. Caliente y dura como acero. Eran unos 26 cm. Nunca, ni en revistas, había visto algo igual. Mi mano no alcanzaba a cerrar alrededor de aquello. Suavemente me puso una mano en el hombro y haciendo una pequeña presión para que me agachara, indicó lo que deseaba. Fue una locura, pero maravillosa. Mi boca no podía abarcar aquella enorme pija del cubano. Fue que le dije de ir a mi hotel. Dijo que sí, pero que no tenía mucho Tiempo. Él me siguió en su carro. El hotel quedaba a unos 10 minutos de la tienda.

Luego de pasar por el loby nos juntamos en el ascensor. Todo un caballero, con naturalidad y ademanes elegantes me dejó pasar. No hice más que entrar a mi habitación, me tomó por la cintura y me dijo: "Me tienes loco niño", aunque no era mayor, a lo sumo unos 33 años, yo soy mucho más jóven, 25. Me besó los ojos, uno primero y antes de besar el otro, me dijo: "Es para que no se ponga celoso", me sonreí y comencé a quitarle su corbata. Es profesor en una universidad de allá. Su pecho velludo me desquició. Pero no me dió mucho tiempo a disfrutarlo. Se zafó el pantalón y apareció aquella maravillosa pija. Quise chuparla, pero me pidió que me desvistiera mientras el miraba. Fue bien excitante. Se tendió en la cama y me llamó con la mano. Fuí a él y ahora sí pude agarrar y besar aquella hermosa pieza tropical. Muy limpio olía a colonia masculina por todo el cuerpo. No pasó mucho tiempo para que me tuviera volteado y su lengua comenzó a relajarme el orto. Era un maestro que me sacaba gemidos sin control. Comenzó a intruducirme uno de sus delgados dedos, luego otro y yo en las nubes de placer. Ya eran tres los dedos y yo que me preciaba de ser estrecho. Aun así temía no poder con su pija enorme. Ni vi cuando sacó un condón magnum de esos para superdotados. Me pidió que me relajara y lo dejara hacer, agregando que no me dolería y que yo sería quien le pediría más y más. Fue que me puso boca abajo con las nalgas al aire. Se inclinó sobre mí y comenzó a hablarme al oído. Más que las palabras era la vibración de su voz profunda. me estremecía a la vez que ponía su glande en mi culo dilatado. El condón tenía lubricación y poco a poco fue introduciéndome la cabeza de aquella verga fabulosa.

Efectivamente, a su orden comencé a subir las nalgas y a apoderarme de su miembro. Era la sensación más extraordinaria que jamás había sentido. Me detuvo y me dijo: Ahora, para que no te duela y lo sientas más, apriétame la pinga, así le dicen los cubanos. Yo obedecí y la sentí más aún. Me ordenó con cariño y ternura que repitiera varias veces. Yo estaba en el cielo. Y él comenzó a introducir más su pinga en mi culo. Volvió a parar y sin hacer esfuerzo me pidió que repitiera mi operación de hacer presión sólo con el culo relajando el resto del cuerpo. Luego de esa sesión me dijo bien caliente: "Mira todo lo que te falta, tócate, ¿lo vas a desperdiciar? Increible, quedaba más de la mitad afuera y yo estaba que quería terminar y me la sentía hasta el cuello. "¡Metemela!", le dije y fue
haciéndolo suavemente. Me tomó por la cintura y me levantó con cuidado quedando él abajo. Fuí bajando dándole la espalda y tragándome aquello. Me dieron temblores a la vez que sentía una sensación extraordinaria. Era como si me abriera por dentro en lo más profundo. Me faltaba el aire y una cosquilla deliciosa recorría mi cuerpo. Me dijo que no terminara,
que era entonces que todo comenzaba. Me fue virando con una delicadeza que contrastaba con su potencia. Y ya frente a mí, me besó muchas veces  a la vez que comenzó a mover su pelvis. Ya no tenía control de mis fuerzas, estaba empalado y era maravilloso. Cada vez con más fuerza, pero sin violencia comenzó a empujar a la vez que decía frases, algunas
Incoherentes para mí. Llegó a decirme "Mami", para de inmediato disculparse y preguntarme si no me molestaba ser su mami en ese momento. ¡Qué me podía molestar si estaba viviendo el momento más extraordinariode mi vida! Fue cuando me tendió hacia atrás que empezó lo mejor. Me tomó por los tobillos y comenzó a clavarme acompasadamente mientras
Resoplaba de placer y me hacía estremecer. No pude aguantar y terminé en un alarido de placer. El se detuvo unos segundos y suavemente comenzó a moverse de nuevo. Yo antes de aquella experiencia con el cubano, siempre al terminar, tenía que sacarme aquello, pero esta vez no quería. no me dolía, no me molestaba. Y algo único, comenzó a gustarme más, aunque yo había terminado. Me hizo excitarme mientras me decía que qué linda forma de mirar yo tenía y que estaba encantado de cómo yo disfrutaba el sexo y le aguantaba su tranca, así le dijo y comenzó a hacerlo con más fuerza, se fue convirtiendo en un toro que resoplaba y envestía como un salvaje, y yo, para mi asombro, gozaba sus clavadas. Volví a sentir que me
corría, ahora junto a él que gemía como un niño grande entre agresivo y tierno. Quedó sobre mi pecho unos instantes hasta que comenzó a sacar suavemente, con mucho cuidado aquella pija que seguía dura. Al sacarla por completo me besó tiernamente a la vez que cuidaba que el condón no se quedara dentro o se rompiera. Nos fuimos al baño, el se duchó rápidamente. Me dió un beso y se despidió. No podía darme su teléfono por ser casado. ¡Que cubano! Me enloqueció. Ahora no lo tengo y nadie llena su vacío, no sólo físico, sino aquel caudal de ternura viril. ¿Serán así todos los cubanos? Hay quien dice que la mayoría lo son. El próximo año ve voy a Miami a ver si lo veo a él o a otro que se le parezca.
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