Protesta de gays y lesbianas contra la oposición del Vaticano a su marcha mundial

 BARCELONA/MADRID.- Una treintena de entidades de gays y lesbianas de Cataluña entregaron ayer una carta y una pizza en el consulado de Italia en Barcelona para denunciar la negativa del Gobierno italiano a que se celebre el próximo día 8 de julio en Roma una manifestación para celebrar el Día del orgullo gay.
En la carta que han entregado al consulado, las asociaciones de gays y lesbianas piden la legalización y el apoyo a la marcha de Roma, cuya prohibición consideran «una violación del derecho a manifestarse libremente».

El manifiesto atribuye la negativa del Gobierno italiano «a los chantajes de grupos de extrema derecha» y a su coincidencia con los actos del Jubileo en el Vaticano.
Según informó a Efe Marc Corral, secretario general de la Coordinadora gay lesbiana de Cataluña, una de las entidades firmantes de la carta, el acto consistió en entregar, junto con la misiva de denuncia, una pizza -que simbolizaba a Italia- con un triángulo rosa que, según Corral, «representaba el colectivo gay que sigue siendo discriminado».

Corral añadió que estaba previsto que en otros consulados y embajadas de ciudades europeas se realizaran movilizaciones para denunciar la negativa del Gobierno italiano.
En Madrid, informa Europa Press, una treintena de gays y lesbianas se manifestaron frente a la embajada de Italia para protestar contra «la injerencia de la Iglesia católica en el Gobierno italiano».
El presidente de la Federación estatal de Lesbianas y Gays, Pedro Zerolo, explicó que mientras que se ha prohibido esta manifestación se ha autorizado «una contramanifestación fascista de Forza Nuova». Por este motivo, Zerolo, durante el transcurso de la manifestación, entregó una carta en la embajada para criticar la actitud del Gobierno italiano y pedir la autorización de la marcha gay.
«No nos van a a callar, responderemos a sus declaraciones y agresiones», aseguró Zerolo.


Comunicado de XENTE GAI ASTUR para la concentración del 2 de junio ante el arzobispado de Oviedo.

La iglesia católica contra la visibilidad gai.

 

A las puertas del tercer milenio, parece increíble que todavía haya personas, grupos o instituciones que se empeñen en seguir manteniendo y promoviendo la discriminación hacia lesbianas, gais y transexuales. El año 2000 todavía no nos ha traído ninguna buena nueva a los que no seguimos la norma sexual supuestamente mayoritaria.

Seguimos estando privados de multitud de derechos legales, a pesar de que la igualdad ante la ley y la no discriminación teóricamente inspiran nuestro modelo de sociedad y nuestras leyes.

A pesar de que venimos reclamando desde hace años lo que en justicia nos pertenece como seres humanos y ciudadanos de un estado social y democrático de derecho, nuestros gobernantes han hecho oídos sordos a la mayoría de nuestras demandas y a las sucesivas resoluciones del Parlamento Europeo, que recomienda a los estados miembros que realicen todas las modificaciones legislativas necesarias para acabar con la discriminación que sufrimos en diversos aspectos jurídicos.

Sin embargo, esta discriminación, para la jerarquía de la iglesia católica, no es suficiente. Esta no sólo se opone a todo reconocimiento de derechos a gais, lesbianas y transexuales, publicando homilías, pastorales, encíclicas, catecismos y comunicados, cada vez que en alguna institución, dentro o fuera de España, se debate alguna medida, por tímida que sea, que pueda suponer un avance en la igualdad de derechos.

No contenta con oponerse a una ley de parejas –el matrimonio, ni mencionarlo- aunque sólo suponga una equiparación parcial, como las tímidas y cojas leyes de parejas de Cataluña y Aragón, o como los proyectos de ley presentados en el Parlamento la pasada legislatura, que duermen en los cajones de las Cortes el sueño del olvido, a la mayor gloria de la Conferencia Episcopal.

No contenta con orquestar toda una campaña en Francia contra la ley de parejas, finalmente aprobada.

No contenta con declarar que la última Resolución del Parlamento Europeo, de 16 de marzo, sobre reconocimiento de derechos a gais y lesbianas, incluidos el matrimonio y la ley de parejas, era igual que promover la pederastia.

No contenta con tanta retórica inquisitorial, propia del concilio de Trento, finalmente, ha conseguido su objetivo: que el gobierno italiano limite el derecho a expresarse y manifestarse libremente a los miles de gais, lesbianas y transexuales que iban a celebrar el día del orgullo gai el 8 de julio en Roma.

Para el Vaticano, la posibilidad de que los peregrinos del jubileo se encuentren con los manifestantes del WORLD PRIDE 2000 podría herir la sensibilidad de los fieles, además de ser inoportuno.

Está claro: el Vaticano no nos quiere orgullosos y visibles. Nos prefiere callados, castos y avergonzados. Nos quiere resignados a vivir según su rancia moral, en contra de nuestra naturaleza. Sólo mediante el calvario de la renuncia a nuestra salud sexual y a nuestra estima, sometidos, humillados y mendigando un perdón que no queremos ni necesitamos, seremos aceptables para la iglesia católica.

Una vez más, el Vaticano y la jerarquía católica han demostrado que su reino no es de este siglo. Han quedado anclados en la Edad Media y parece que todavía añoran el olor a carne quemada de la hoguera inquisitorial.

A pesar del lamentable espectáculo que ha dado el gobierno italiano, al ceder a las presiones del Vaticano, como si todavía el poder político debiera vasallaje al eclesiástico, estamos convencidos de que muchos creyentes sienten vergüenza ante el inmobilismo ideológico de la jerarquía eclesiástica.

Estamos convencidos también de que la jerarquía católica está cada vez más alejada de la realidad y de su base social.

Podrán conseguir que gobiernos pusilánimes cedan a su chantaje. Pero cada vez más creyentes, heteros y gais, se dan cuenta de lo caduco y retrógado de su mensaje.

El abismo que separa a la iglesia católica de la sociedad crece día a día, para bien de la sociedad.

Cada vez está más cercano el día en el que las peroratas homófobas del Vaticano no van a provocar indignación ni siquiera risa, sino simple y sana indiferencia.

Nosotros, lesbianas y gais, objetivo prioritario de todas las condenas de la iglesia católica, secundada por la extrema derecha nazi, denunciamos la homofobia de la jerarquía católica.

Con sus repetidas condenas proporciona un respaldo moral y una coartada ideológica a los que nos niegan nuestros derechos y a los que recurren a la violencia contra nosotros.

Pedimos a todas y a todos los que nos escuchen que no colaboren, aunque sea involuntariamente, con la iglesia católica.

Que ni un duro de nuestros impuestos vaya a parar a la iglesia católica.

Que en la declaración del IRPF excluyamos a la iglesia de nuestras aportaciones.

Porque es una iglesia que no sólo oprime a lesbianas, gais y transexuales, sino que está en contra de los valores democráticos y de los Derechos Humanos más elementales;

Porque relega a la mujer a un eterno segundo plano;

Porque pone en peligro la salud pública con sus prédicas contra las prácticas de sexo seguro;

Porque envenena las mentes de los más jóvenes, inculcándoles el odio hacia los homosexuales, convirtiéndose en instigadora moral de agresiones como el asesinato del joven de 17 años asesinado en Andorra hace poco más de un mes.

Finalmente, exigimos a los poderes públicos que, en defensa de los valores constitucionales, paralicen toda subvención o colaboración con la iglesia católica y cualquiera de las entidades que forman su poderoso holding.

Xente Gai Astur