JUAN PABLO II DENUNCIA DESFILE DE HOMOSEXUALES
El papa desaprobó la marcha gay, indicando que va contra los valores cristianos y morales. Al tiempo que condenó el hecho, hizo una oración por todos ellos para que "regresen a la verdad".
Guatemala, 10 de julio del 2000 (AP/Diario elPeriódico). El papa Juan Pablo II denunció ayer el festival del orgullo gay, realizado el sábado en Roma, calificándolo como ofensa para los cristianos y a los actos
homosexuales como "contrarios a la ley natural".
El pontífice habló luego que decenas de miles de personas marcharon en el desfile del orgullo homosexual hasta el Coliseo, para concluir el festival internacional que duró una semana y que el Vaticano había tratado de
cancelar.
Juan Pablo II expresó su "amargura por el insulto" de permitir el festival "durante el Gran Jubileo del año 2000 y por la ofensa contra los valores cristianos en una ciudad tan amada por el corazón de los católicos
de todo el mundo".
Cuando se dirigió a la multitud congregada en la Plaza de San Pedro, el pontífice condenó el desfile en el nombre de la iglesia y recordó a los asistentes que según la doctrina católica, "los actos homosexuales son
contrarios a las leyes de la naturaleza. La iglesia no puede acallar la verdad porque esto ... no ayudaría al discernimiento del bien y el mal",
dijo.
Pero al mismo tiempo dijo que la discriminación contra los homosexuales está mal y que la iglesia debe tratarles con "respeto, compasión y delicadeza" porque la homosexualidad es una "anomalía".
Información recibida gracias a Laura E Asturias leasturias@intelnet.net.gt
Grupo holandés abre proceso contra el Papa
La reciente condena del Papa de la manifestación del World Pride ha
provocado que un grupo holandés inicie un proceso contra el Papa por hacer
declaraciones que incitan a la discriminación y a la violencia. (Noticia
ayer en el diario italiano "La Reppubblica")
Propongo que desde las organizaciones españolas se apoye esta acción,
demostrando, con la presión internacional, que el Papa no puede decir lo
que se le antoje y que responderemos a todos los ataques. A esta causa se
podría añadir una condena de sus políticas anti-condón como incitación a
las prácticas de riesgo y al contagio del sida y las otras ETS.
Contrastando con la información dada en los medios españoles quisiera
afirmar que la manifestación fue un gran éxito, se superaron con mucho las
cifras esperadas (de doscientos mil, que esperaban los más optimistas a
más de medio millón -la organización dice un millón), la presencia
mediática sin precendentes (primeras planas y otras tres o cuatro páginas
enteras en el interior en todos los periódicos y retransmisión en directo
en RAI 3 el sábado toda la tarde con más de tres millones de audiencia) y
en conjunto una victoria contra el Vaticano y la derecha. La manifestación
concluyó en el Circo Massimo con dos horas y más de veinte discursos
vehementes de representantes políticos, desde la ministra Belillo y
Veltroni a Bertinotti y los lideres de la izquierda, además de
representantes del movimiento italiano e internacional. (También una
presencia anecdótica: la trans que lanzó la primera botella contra la
policía aquella noche del 28 de junio de 1969 en Stonewal
Transcripción de nota publicada en diario Clarín del 10-7-2000
Enojo del Papa por la marcha del orgullo gayDestacó que los actos homosexuales son contrarios a la ley natural · Y que no puede callar la verdad · Pidió compasión hacia los homosexuales
Con una dureza e intransigencia inesperadas, el Papa condenó ayer como "una afrenta" y "una ofensa a los valores cristianos" la Marcha del Orgullo Gay Mundial, que reunió el sábado a unas 200 mil personas entre el Coliseo y el Circo Máximo de Roma. Las reacciones de los homosexuales fueron también airadas, lo que pareció hundir toda esperanza de diálogo inmediato.
Durante el ángelus del mediodía —que el Papa rezó como siempre desde la ventana de su estudio, en el tercer piso del Palacio Apostólico—, frente a una multitud de unos 30 mil fieles que lo aplaudían desde la plaza de San Pedro, Juan Pablo II dijo: "Es un deber que me refiera a la conocida manifestación que se ha celebrado en Roma. En nombre de la Iglesia de Roma, expreso amargura por la afrenta al gran Jubileo del año 2000 y por la ofensa a los valores cristianos de una ciudad que tanto aman los católicos de todo el mundo".
No fue todo. "La Iglesia no puede callar la verdad porque no sería fiel a Dios Creador y no ayudaría a discernir lo que está bien o mal", agregó. El Papa, que lucía cansado, señaló enseguida. "Quisiera limitarme a leer lo que dice el catecismo de la Iglesia Católica, que destaca que los actos homosexuales son contrarios a la ley natural".
A continuación, leyó lo que dice el catecismo: "Un número importante de hombres y mujeres tienen tendencias homosexuales de profundas raíces. Esta inclinación, objetivamente desordenada, constituye para la mayoría de ellos una prueba. Por esto deben ser acogidos con respeto, compasión, delicadeza. Contra ellos debe evitarse cualquier injusta discriminación".
El Papa señaló después que los homosexuales están llamados "a cumplir la voluntad de Dios" y, si son cristianos, "a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar debido a su condición".
La Iglesia considera que el católico con tendencias homosexuales debe vivir en castidad para no cometer un grave pecado.
La intervención solemne de Juan Pablo II, que habló como obispo de Roma, derrumbó de inmediato las esperanzas de diálogo entre las comunidades de gays y lesbianas y la Iglesia, pero produjo también otros efectos en cadena, de gran importancia.
Con la inspiración pontificia, el Vaticano se había opuesto con todas sus fuerzas a que se realizara la marcha, considerándola "inoportuna" por coincidir con la sacralidad de una Roma escenario del gran Jubileo del 2000 (un tiempo religioso extraordinario que conmemora los dos mil años del cristianismo).
Pero el gobierno de centroizquierda se negó a suspenderla por considerar que Italia es un Estado laico y democrático que no puede impedir las manifestaciones pacíficas.
La semana que culminó con la marcha del sábado transcurrió en forma pacífica, con celebraciones gays que evitaron cuidadosamente toda ofensa a la figura del Papa y ataques virulentos o burlas a la Iglesia. Tanto es así que el New York Times de ayer la calificó de "aburrida", en comparación con el colorido exasperado de manifestaciones similares en Estados Unidos y otros países europeos.
Se esperaba que este resultado permitiera construir una nueva era de diálogo entre los homosexuales y la Iglesia. Pero las palabras de Juan Pablo II fueron más allá de la "inoportunidad": el Pontífice leyó pasajes del catecismo universal de la Iglesia que condenan los actos homosexuales, moderándolas con consideraciones humanitarias hacia los gays como personas.
Walter Veltroni, líder de los Democráticos de Izquierda (ex comunistas reciclados en la socialdemocracia), que el sábado marchó en la primera fila de la manifestación, dijo que el desfile "fue una marcha de alegría y serenidad" y también que había participado "para testimoniar nuestro compromiso contra toda discriminación" y que "en ningún momento se faltó el respeto a los creyentes".
Inmaculada "Imma" Battaglia, líder de las lesbianas y una de las organizadoras de la marcha, afirmó con cara enojada que "el Papa debe dejar de ofendernos, que no me sorprenden sus palabras después del éxito de la manifestación. No veo qué espacios hay para el diálogo", concluyó.
El ministro de Agricultura, el verde ecologista Alfonso Pecoraro Scanio, que no estuvo presente y que hace unas semanas aclaró en una entrevista periodística que es bisexual, dijo: "Estaba en Túnez pero si hubiera estado en Roma habría participado".
El líder "histórico" de los homosexuales, Franco Grillini, dijo que "el Papa se equivoca en definir la homosexualidad contra natura y objetivamente desordenada. Nadie elige ser homosexual, que es una condición. No vale que hable de compasión, cuando los comportamientos reales de la jerarquía y de los católicos en política van en una dirección diferente".
La condena de Juan Pablo II puso contenta a la oposición de centroderecha. "Es un papa extraordinario", afirmó el presidente de la región del Lacio (cuya capital es Roma), Francesco Storace. "Espero que finalmente se comprenda por qué muchos considerábamos inoportuno el desfile", agregó. Storace, de Alianza Nacional (ex neofascistas), principal aliado de Silvio Berlusconi en la coalición opositora, había calificado de "cosa inmunda" la participación en la marcha de la ministra Katia Belillo (comunista) en la manifestación del sábado.
La crítica del Papa a los homosexuales completó una semana —la última de trabajo de Juan Pablo II antes de sus vacaciones— que había empezado con otro recordatorio de la Iglesia. En un documento del Vaticano, se reafirmó que "es ley divina la norma que excluye a los divorciados vueltos a casar de la comunión".