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Número 47
25 agosto 2000 |
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ENCUESTA a la población gay y lesbiana Perfiles
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Hace muy poquito, un amigo y suscriptor a una de nuestras listas de correo (mundoglb@egroups.com) envió un mail que para mí resultó ser una verdadera joyita. Le pedí permiso para su publicación y aquí está: “…Quisiera comentarles algo sobre una hermosa situación que están viviendo unos amigos míos… A principios del año pasado, estos amigos gays, que viven en Francia empezaron los trámites de adopción de un niño. Como comenté en esa oportunidad - en otra lista - no le resultaron fáciles las cosas y a pesar de lo que uno puede llegar a imaginarse, también allí existen los prejuicios y ciertas homofobias encubiertas. A mediados de marzo les fue entregado en custodia Simón, un niño de 3 años, con todo lo que esto les significó: asistentes sociales, sicólogos, agentes del gobierno, todos investigando vida, obra y milagros de los futuros padres. Cuando me hicieron el comentario por carta de la decisión de adoptar, me quedé sorprendido e incómodo, porque no me pareció prudente que hombres llegando a los 50, tomaran la inmensa responsabilidad de educar a un niño y hacer de él un hombre de bien. Primero pensé en todas las pelotudeces primeras: ¿Y qué va a decir el chico en la escuela sobre la mamá?¿Qué le van a decir ellos mismos?¿Estará determinada su inclinación sexual? Más que padres va a tener abuelos... Y otras que me da verguenza comentarlas... Hasta pensé decirles que reflexionaran, que la crianza de un chico llevaba implícita una dosis de energía que no me parecía que ellos pudieran dársela. Boludeces, bah... Hasta que en un llamado me pidieron que fuera el padrino de Simón. Me descolocó, me emocioné como si fuera la primera vez y me volví un tonto llamando todos los días para saber como estaba mi ahijado - y les cuento que tengo 8 ahijados, hijos de primos y amigos. Juanjo sabe como me sentí porque él vivió conmigo las instancias previas a mi viaje. Viajé a fines de abril a París y me morí con Simón, uno de los chicos más dulces y hermosos que vi. Entonces mis amigos me comentaron que los asistentes sociales que recibían casi a diario, habían dicho los notables y rápidos cambios en el comportamiento del niño y Gaby, mi amigo, me dijo: Miguel, si vieras como Simón cambió su mirada, ya no es la de un nene triste como cuando lo vimos por primera vez. Y yo me lo comía a besos, y esto que a los chicos mucho no les gusta, Simón se reía y festejaba. Como padres y padrino no son lo que se dice creyentes, lo del padrinazgo fue un símbolo, pero estoy comprometido con ese niño hasta el final. Lo bueno es, que desde este miércoles, le han entregado a mis amigos la custodia definitiva de Simón, por lo que creo, ya debe estar llevando los apellidos de los dos. No se pueden imaginar la alegría que tengo. Estoy seguro que Simón va a ser una buena persona, una buenísima persona, porque tiene unos padres maravillosos.” Creo que el relato de Miguel no requiere comentarios adicionales. Va desde la homofobia que muchos llevamos dentro, junto con otros prejuicios adicionales, hasta el más profundo amor por la vida y orgullo de sus amigos y ahijado. Ojalá que algún día esto sea lo más común del mundo… aunque también sería lindo que nos emocionáramos como el primer día. Ese día va a llegar, como le llegó a Simón, Miguel y sus amigos. Saludos optimistas para todos, Gabriel |
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