MI PRIMERA VEZ EN KEY WEST
por Viviana Gorbato*

- Captain Karen, yo soy muy mala para los deportes- digo antes de decir hola y sentarme en una parte del bote.
Las mujeres ríen francamente. Mi sinceridad atolondradada les caé simpática. Yo pienso que a pesar de mis noventa kilos me debo este paseo por el mar. Pero que no me pidan otra cosa.
La naturaleza es maravillosa. Captain Barbara está con su novia. Son dos butches (bomberos auténticos) que decidieron unir sus vidas más allá de cualquier prejuicio. La doctora de Colorado es distinta , está en un Estado hostil, su jefe sabe que es lesbiana y tiene miedo de ser despedida en cualquier momento. Es rubia, tímida y muy femenina. La otra mujer es morena, tiene el pelo largo y en ella se nota la libertad del Caribe. Yo soy argentina, judía. Pero me da verguenza presentarme diciendo :
- Hi, yo soy heterosexual ¿me dejan ir en el bote con ustedes ?. Si bien dentro de mi país soy una persona que es considerada muy libre y antiprejuiciosa, siempre Key West ( es la segunda vez) me parece un paraíso de libertad. La primera vez que vine fue para hacer una investigación comparando la vida gay- lesbiana-bisexual en Estados Unidos y en América Latina. Después me enamoré de esa libertad. Quizás, el ser judía tenga que ver con eso de respetar a todas las minorías. Soy escritora y volqué todas mis experiencias en un libro llamado "Fruta Prohibida" que fue best- seller en mi país.
- Tienes que venir a Key West. Aquí no serás perseguida- le aconseja Carol que es asistente social y está fascinada por la santería cubana. Trata de hacereles entender a médicos racionalistas que la decisión de su paciente de no recurrir a métodos y terapias occidentales tienen sus fundamentos, aunque este sea la pobreza y el miedo a la medicina del yanqui invasor, ese que va a hacer más daño todavía.
- ¿Qué talle usas ?- me pregunta Captain Barbara sin desmasiados preámbulos
- Extralarge- y de pronto se me desaparece el mar, el sol, la sensación de estar en el paraiso
- Tenes que ponerte el buzo como si fuera una media- me da las instrucciones.
Como si fuera tan facil con 90 kilos y un cuerpo que no responde, que te es ajeno.
Las otras mujeres hacen apuestas
- ¿Podrá hacerlo ?
- No creo
-Pero mirá que es muy tozuda
La operación es larga y difícil. Cada una de mis articulaciones se niega al latex. Las patas de rana son una especie de suplicio extra.
-Lo único que tienes que hacer es tratar de no golpear el motor- son las últimas instrucciones.
Nunca hice snorkl. Pero no le tengo miedo al agua. Además, todavía no sé si estas mujeres se han dado cuenta de que soy heterosexual. Pero siento que ellas me dan la energía para continuar.
Respiro hondo y me zambullo. Mis noventa kilos se disueven en el agua. De a ratos, trato de mirar los pescaditos, respiro un poco y me ahogo. La mayor parte del tiempo floto mirando al sol. La ciudad a lo lejos y la tranquilidad allí en el mar, con Captain Barbara observando.
n No sé a qué le tengo más miedo : al lesbianismo o al snorkl.
Nadie me propone nada. Nadie quiere nada de mí. No hay esa seducción histérica de los bares argentinos.
Mis noventa kilos flotan mansamente y ahí mientras el sol cubre mi cara, pienso :
- Todas las dietas las hice desde el dolor. Esta la voy a hacer desde el placer.
Sólo dos meses más tarde encontría a la reina Esther, mi dietista. Y ahora peso veinte kilos menos. Mi cara de alegría haciendo snorkl en Key West, la amistad, la comprensión tuvieron mucho que ver en mi adelgazamiento. No lo digo por una cuestión estética . Tener 90 kilos hacía mal a mi salud.
A Key West lo llaman el Paraíso. Yo puedo decir que cuando vuelva en febrero no me sentiré "extraña en el paraíso".

*periodista, escritora, autora del libro "Fruta Prohibida", entre otros.