EDITORIAL Nro. 53

Un Regalo Para Una Navidad Gay

Con motivo de la Navidad me surgió la necesidad de compartir con ustedes un momento que fue muy importante en mi vida. Quizá con la esperanza de que le pueda ser util para alguien, que otro pueda identificarse, o despierte un sentimiento, es que me lancé a escribir sobre una anécdota navideña propia. Ojalá sirva.

 

Ese 24 de diciembre, como tantos otros anteriores, lo pasé con gran parte de mi familia, mi madre, su pareja (un hombre con quien estuvo por más tiempo que con mi padre, pero que ciertamente no quiere ni quiso tanto como a él... por lo menos en el tiempo antes de que se divorciaran), mis hermanos mellizos con sus respectivas esposas, las que “casualmente” hoy ya no lo son más, más los familiares de la pareja de mi madre: sus hijos, hermana y esposo, sobrinos, abuelas y un etcétera de gente que no me interesaba en absoluto... es decir, un buen grupo de personas que solo se ven una vez al año haciendo como que todos se quieren, que somos una gran familia, somos todos buenos y hasta el año que viene.

Por supuesto que la persona que más hubiera deseado que estuviera allí conmigo no lo estaba... él, mi pareja de ese entonces estaba pasando las fiestas con su familia.  

¿Qué cosa, no? Cuando uno dice familia, es muy raro que involucre en ese término a quién es su pareja... bueno, salvo que se trate de un heterosexual en cuyo caso estaríamos hablando de novio/a o esposo/a. Pero tampoco sería la única diferencia, porque mucho más raro sería el pensar que los novios o esposos se separaran para pasar las fiestas con sus respectivos padres...

 Antes de continuar quiero aclarar algo... tanto mi madre como mis hermanos saben de mi orientación sexual y también conocían a quien era mi pareja de entonces.

Ahora si, sigo... la cuestión es que esa Nochebuena no se apuntaba para ser muy especial... sin embargo para mi si lo fue.

Después de comer una opípara cena fría, llegó el momento de brindar. Dieron las 12, nos levantamos y comenzamos a chocar nuestras copas. Cuando uno se cruza con un ser querido, en estas ocasiones, suele detenerse un poquito más que con los otros y quizá decir o escuchar alguna frase emotiva... y cuando me tocó el turno de brindar con mi madre pasó algo mágico. Escuché a mi madre desearme lo mejor para mi y para mi pareja... y lo sentí con todo mi corazón, mas que con mis oídos!

No lo podía creer! Mi madre me estaba teniendo en cuenta por primera vez! Había sido capaz de romper sus tabúes, sus estructuras mentales largamente aprendidas y estaba reconociendo a aquel que si bien no estaba físicamente conmigo, si ocupaba un espacio MUY importante en mi corazón.

Recuerdo que eso fue demasiado para mi. Fueron las palabras más dulces que había escuchado jamás. El reconocer a mi pareja, el desear lo mejor para él, en cierto sentido era en realidad el entenderme finalmente a mí, el saber que era lo que yo consideraba más importante... ¿y que hay más destacado en la vida de uno sino que aquel al que uno ama?

No pude contenerme... tuve que escaparme al baño y dar rienda suelta a mis emociones. Exploté en lágrimas de alegría. Fue una de las emociones más fuerte que había sentido jamás. No podía, ni quería, reprimir un momento tan hermoso... solo en el baño, frente al espejo, veía salir a borbotones aquellas lágrimas de felicidad.

Mi madre me había dado el regalo más hermoso que jamás había recibido de nadie. Unas simples palabras...

¿Cómo eran, exactamente? ¿Qué había dicho? Traté de recordarlas de la manera más exacta que pudiera... ¿Cómo fueron? ¿Qué me había susurrado al oido en medio de tanto ruido? Algo así como “te deseo lo mejor para vos y tu pareja...” o “para vos y tu... y tu.... carrera?” Pareja o carrera?

Se me detuvo un minuto el corazón... había dicho carrera, en realidad... ahora lo había podido reconstruir mejor. Solo mi deseo, mi enorme deseo de ser reconocido en mi amor me había hecho confundir la palabra pareja con carrera... ¿Cómo había podido? No son tan parecidas! Para nada! Cómo podía haber sido tan tonto como para equivocarme tanto? Bueno... al fin y al cabo eran solo dos palabras.

Entonces me dí cuenta que no eran dos simples palabras. Y que ese error, puesto en boca de una de las personas más importantes de mi vida, me habían hecho sentir una felicidad que nadie me iba a poder quitar... porque errada o no allí estuvo. Y así como a veces uno se equivoca y esta todo mal... otras veces uno yerra y... ¿Quién me quita lo bailado? Ni yo tenía el derecho de opacar toda esa alegría profunda que había sentido, aunque solo fuera por unos pocos minutos prestados.

Fui conciente de que por un pequeño error había recibido un regalo... una emoción muy linda y muy grande que me había quedado guardada de alguna forma en un rinconcito del corazón... 

Hoy ya no estoy en pareja con la misma persona, aunque seguimos siendo grandes amigos. Ahora tengo otra pareja a quien también amo profundamente.

Esta Nochebuena voy a pasarla con “mi familia”, en casa de uno de mis hermanos. Mis sobrinos crecieron y de hecho hay una nueva integrante... Vamos a volver a brindar a las 12... y cuando me vuelva a cruzar con mi madre, quizá esta vez escuche esas palabras de verdad, aunque no lo creo...

No tengo rencor, y así como no me gusta que me manipulen tampoco me gustaría que mi madre dijera algo que no siente. Y de hecho ya preguntó tres veces, por quien fuera mi pareja, en cuatro años... las conté y disfrute y expresé lo importante que era par mi su simple pregunta.

Podría terminar diciendo que ya no me importa que la gente que quiero, me ame libre de los prejuicios con los que creció.

Podría terminar diciendo que no me importa que mi madre reconozca o no a las personas que yo amo.

Podría terminar diciendo que no necesito que alguien me de su visto bueno para que yo sea quien soy, ame a quien amo y pese a quien le pese.

 No lo voy a hacer. Voy a quedarme con aquel sentimiento y una esperanza.

Ahora se un poquito más de felicidad y amor incondicional.

Algo de la magia de la Nochebuena nubló mi conciencia y recibí el mejor regalo de mi vida.

El que escribe los guiones esta vez me hizo trampa, se sonrió y me guiñó el ojo...

¡Feliz Navidad! Ho, ho, ho, ho...

 

Gabriel

gabriel@7892k.com