Gay, cubano y disidente pide asilo en España
Owen Huerta, perseguido y maltratado por la policía a
causa de su condición homosexual, solicita asilo político
en España
MADRID.- «Luchábamos para conseguir medicinas.
Dos de los nuestros agonizaban sin asistencia. Nos
dábamos aliento entre nostros porque representamos
la escoria de Cuba, los desviados ideológicos más
peligrosos de la sociedad, los más degenerados,
porque nos gusta la moda y no aplaudimos a Fidel
en la Plaza de la Revolución, donde lleva a todo el
mundo obligado. De no haber salido estaría en prisión
o muerto, porque iba a matar a un policía, no los
soportaba más... Somos los disidentes olvidados del
régimen, carne de prisión y cementerio».
Owen Huerta Delgado, un chaval de 26 años mal
alimentado, de ojos verdes y negra coleta, que habla
envuelto en un gastado abrigo prestado, ha pasado
demasiadas noches en los sórdidos calabozos de
Varadero y La Habana porque, afirma, «no me
callo ante la policía».
Denuncia que le han apaleado a bastonazos,
amoratado los ojos y desgarrado los labios. Describe
con precisión las redadas a media noche en la cafetería
El Fia, los faros de los camiones policiales con los
motores en marcha, la agobiante persecución del
«jefe de sector» en Varadero y la continua represión
de un régimen que califica de policiaco y totalitario.
Pero Owen no es un espía, ni siquiera un peligroso
contrarrevolucionario y aún menos un gusano del
exilio derechista de Miami.
Owen sólo es un gay cubano criminalizado y
perseguido por su homosexualidad, tipificada como
delito -en caso de obstentarla- en el artículo 303 del
código penal cubano, que solicita, con el apoyo de
la Federación Estatal de Gays y Lesbianas, el
estatuto de refugiado político en España. Su principal
crímen contra la revolución, además de ser gay y
no ocultarlo, es haber organizado en Varadero una
red de asistencia clandestina para socorrer a
homosexuales tan perseguidos y estigmatizados.
Se citaban los jueves por la noche en la Casa de la
Cultura de Varadero, por cuyo alquiler pagaban. Eran
unos 100 gays, bailarines, empleados de hotel, chicos
anónimos de la ciudad. El objetivo de la «red
asistencial» creada por Owen consistía en abastecerles
de preservativos y medicinas contra el sida, donadas
por turistas gays, que se repartían posteriormente en
una «mesita».
«Yo era una especie de organizador y líder. Todo era
clandestino. Un compañero y yo pedíamos medicinas
a los turistas amigos en la playa, donde trabajábamos
como promotores de ventas, y se las entregábamos a
dos amigos enfermos de sida. Uno de ellos ha muerto.
En las clínicas mantienen a los gays aislados y sin
medicamentos hasta que mueren, porque el régimen
nos considera unos promiscuos degenerados a los que
se acusa de propagar el sida. Es un infierno», relata
Owen.
Tras la creación de la red asistencial clandestina, la
situación de Owen empeoró. Se estaba haciendo
demasiado famoso. Era Owen, el de la calle 47, líder
fichado de los «asquerosos maricones» de Varadero.
El «jefe de sector» de su barrio, una especie de
comisario político, le hacía la vida imposible. «Me decía
que recibía informaciones secretas sobre mí, que me iba
a expulsar de Varadero por jinetero, como llaman a los
que se prostituyen. Pero yo sólo me he acostado con un
turista porque me gustaba. Vive en Estados Unidos. Si
me lo hubieran probado, nunca habría salido de Cuba.
Estaría en la cárcel, condenado a tres años por jinetero»,
relata.
Owen decidió huir a La Habana, pero allí las cosas
estaban aún peor.
Golpes e insultos
«Las redadas policiales», denuncia Owen, «son continuas
en el bar el Fia, donde se reunen los gays habaneros.
Cada noche hay golpes, insultos, violencia indiscriminada
contra nosotros. A Tropicana, un bailarín amigo que se
resistió al arresto, le han caído dos años de cárcel. A mí
desde hace años me están moliendo a bastonazos. Para
mí y para toda la gente que conozco, Cuba es una cárcel.
Todos la padecemos en carne propia, pero para los gays
es una persecución sin fin, estamos criminalizados como
bestias, nuestra palabra no vale nada en el trabajo o ante
los jueces. Somos como payasos, nos reímos del régimen,
hacemos chistes y esto también nos convierte en disidentes».
Su madre, de la que no se pudo despedir y aún ignora la
verdadera militancia gay de su hijo, entregó a Owen los
ahorros familiares de una vida para que pudiera salir de la
isla. Owen contaba con la invitación de un amigo para v
iajar a Italia, pero la última trampa se estaba cerrando.
La empresa para la que trabajaba incluyó en la carta
dirigida a Inmigración una clave secreta, que le identificaba
como homosexual. Tras meses de retrasos y peripecias,
logró salir legalmente del país. «Si me devuelven a Cuba
tendrá que ser encadenado y escoltado por 10 policías.
Será mi muerte y la perdición de mi familia, porque el que
critica al régimen está perdido».
«Una desviación ideológica»
La escritora y disidente cubana Zoé Valdés ratifica la
denuncia del joven líder gay cubano y apoya, junto con
Amnistía Internacional, la Federación Estatal de Gays y
Lesbianas y otras organizaciones, la petición de asilo
político. «Mi amigo Owen Huerta», declara Valdés, «ha
sufrido tanto o más que cualquier conocido opositor al
régimen castrista, por su doble condición de gay y víctima
de la persecución de un régimen dictatorial. He descrito
la terrible represión que padecen los gays cubanos, y el
desprecio social que sufren a causa de la homófoba
propaganda de una dictadura que, desde el colegio, inculca
a los críos que la homosexualidad es 'una desviación
ideológica y un signo de decadencia moral'».
El abogado Pedro Zerolo, presidente de la Federación
Estatal de Gays y Lesbianas, basará la petición de asilo
para Owen Huerta en tres puntos: la criminalización por
parte del régimen castrista, que impide la creación de
una red de autoayuda en Cuba con el único fin de
recoger medicinas y preservativos, prohibición que puede
dar lugar al derecho de «ingerencia humanitaria
contemplado en el Derecho Internacional; la exclusión
social que padecen los homosexuales cubanos,
condenados a vivir en la clandestinidad, y la homofobia del
régimen, que criminaliza y persigue la homosexualidad
desde la niñez».
Julio Romero, miembro del Colectivo de Gays y
Lesbianas de Madrid, afirma que están dispuestos a
«movilizar a todos sus efectivos sociales» para «evitar la
condena a muerte» de Owen, cuyo visado italiano vence
el 9 de febrero, si España lo devuelve a Cuba. «Con la
película Fresa y Chocolate, el régimen quiso dar a entender
que algo estaba cambiando con los gays, pero los que
mandan nos siguen reprimiendo como a animales»,
afirma Owen Huerta.