Venció la presión musulmana: la declaración final de la ONU excluye a
grupos vulnerables. La reunión especial sobre sida no logró asegurar el fondo
mínimo contra el mal
"Ante una crisis global, una acción global", concluyen los delegados
México DF, a 28 de junio de 2001 (Fernando Camacho/NotieSe) .- Después de
tres días de debate y exposición de buenas intenciones, llegó a su fin la
sesión especial sobre sida de la Asamblea General de la Organización de las
Naciones Unidas (ONU), sin haber logrado recaudar los 10 mil millones de
dólares por año que Kofi Annan, secretario general del organismo, consideró
necesarios para frenar el avance de la epidemia en los países
subdesarrollados.
A final de cuentas, las aportaciones no lograron rebasar los 645 millones
de dólares y los países industrializados, a pesar del llamado de Annan a
favor de la solidaridad "de los ricos con los pobres y de los sanos con los
enfermos", no se comprometieron a aportar el dinero suficiente para
mantener el fondo global de lucha contra la enfermedad que ha causado la
muerte de por lo menos 22 millones de personas.
La declaración final de la reunión, titulada Ante una crisis global, una
acción global, finalmente cedió a la inconformidad de los países musulmanes
y dejó de mencionar explícitamente a los grupos vulnerables, compuestos por
hombres que tienen sexo con hombres, drogadictos por vía intravenosa,
profesionales del sexo y reclusos. Este plan de acción mundial contra el
virus enfatiza la importancia de la prevención y atención oportuna de las
personas más vulnerables "debido - dice - a sus orientaciones y
comportamiento sexuales".
Sin embargo, Annan calificó esta reunión como histórica y se manifestó
satisfecho por la presencia de más de 30 jefes de Estado y todos los
ministros de salud de los 189 países miembros de las Naciones Unidas.
"Tenemos un documento que expone un plan de batalla bien definido, con
objetivos claros y un calendario preciso en la guerra contra el sida".
Como ya se había adelantado antes del miércoles, la ONU estableció el año
2003 como plazo para que los países participantes diseñen y pongan en
práctica estrategias coordinadas que enfrenten con eficacia a la pandemia.
Además, para el 2005 se pretende que los jóvenes de entre 15 y 24 años se
contagien en un 25% menos, y que para el 2010 la tasa de infecciones
perinatales se reduzca hasta la mitad. Para ello, debe utilizarse una
eficiente campaña de prevención pensada para diferentes culturas,
impulsando también un "comportamiento sexual responsable, incluyendo la
abstinencia y la fidelidad".
El documento aprobado pidió también el respeto irrestricto de los derechos
humanos de las personas que viven infectadas con el virus de
inmunodeficiencia humana, e instó a los gobiernos presentes a que para el
año 2003 establezcan todas las medidas legales necesarias para que se
prohiba la discriminación laboral y educativa y para que se castiguen
efectivamente las faltas a estas disposiciones.
Las mujeres jóvenes, afirmó Annan, son también una población foco, ya que
los datos más recientes indican que este segmento se está infectando casi
el doble de lo que se registra en los hombres del mismo rango de edad.
Estas conclusiones fueron recibidas con cautela y reserva por parte de
diversas organizaciones no gubernamentales (ONG's) presentes en el evento.
En la opinión de activistas contra el sida de todo el mundo, cualquier plan
será "letra muerta" y estará condenado a fracasar si no se aseguran los
fondos económicos mínimos para su funcionamiento. La propuesta del
secretario general de Naciones Unidas respecto al fondo de lucha contra el
mal no pudo rebasar nunca la dimensión de los buenos deseos.
A final de cuentas, la aportación mínima que los países desarrollados se
comprometieron a dar (el 0.7% de su Producto Interno Bruto) nunca se
concretó, y la reunión que congregó a una parte importante de los gobiernos
del mundo y a muchos activistas de la sociedad civil organizada, está en
riesgo de naufragar.
La expansión del VIH y los millones de muertes que ha provocado, minando la
fuerza productiva de países que están de por sí sumidos en la miseria, se
parece cada vez más a una especie de guerra silenciosa contra los
desposeídos del mundo. Quizá, entonces, no sea casual que los países ricos
(incluyendo al más rico, Estados Unidos) no hayan tenido la sensibilidad
suficiente de ayudar a las regiones más castigadas por la pandemia. El sida
y la pobreza se están revelando como parte de un mismo fenómeno: los pobres
pueden ser, y de hecho son, seres desechables.